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Las grandes tecnológicas quieren la cartera


Facebook ha lanzado su criptodivisa para hacer transacciones (Chesnot / Getty)


Las tecnológicas han entrado en nuestra vida: tienen nuestros datos, nos hablan desde el salón de casa, recomiendan productos, ofrecen noticias. Ahora van a dar un paso más: hacerse con nuestras carteras.

Las llamadas fintech, plataformas que operan en el sector financiero, no son algo nuevo: procesan transacciones a un coste más bajo y han demostrado poder atraer a miles de millones de personas a sus plataformas, al ofrecer servicios de medio de pago vinculados a los bancos tradicionales. Operan desde hace años, sin tener hasta ahora realmente un efecto disruptivo. “Los bancos no están en peligro inminente de sufrir una gran reducción de su negocio”, dijo Hyun Song Shin, jefe de estudios del Banco Internacional de Pagos hace una semana. La consultora McKinsey estima que en los bancos de inversión, menos del 12% de la soluciones fintech tienen capacidad disruptiva en los modelos de negocio existentes..


Desafío a los bancos centrales


“Las tecnológicas están rondando el sector financiero, pero no parecen interesados en convertirse en bancos tradicionales de servicio universal, seguramente para no contraer las onerosas obligaciones regulatorias que conlleva tal condición. Más bien están tratando de penetrar en aquellas parcelas de la actividad financiera en las que pueden conseguir sinergias con su negocio principal”, subraya un informe de PwC sobre la unión bancaria. De hecho, como sostiene Carlos Caballer, experto en regulación de la consultora, estas fintech “a menudo acaban siendo compradas por los mismos bancos, que copian sus sistema para ahorrarse unos costes de gestión muy altos”. Ahora bien, si las fintech son pulgas para la banca, debido a su débil capitalización, las grandes tecnológicas son otra historia. “Son dragones cuyas mandíbulas constituyen una amenaza que puede llegar a quebrar en el medio plazo el statu quodel sector”.

Hasta ahora el sector financiero sólo representa el 11% de su negocio. Pero el porcentaje está destinado a subir. En China, el sistema de pago de Alibaba, Alipay, presta servicios a 1.000 millones de personas. Apple Pay tiene casi 400 millones de clientes. Su tamaño también impresiona: el valor en bolsa de los gigantes tecnológicos es de 4,7 billones de dólares, muy cercano a los 5,4 billones de todos los bancos mundiales.

Servicios financieros (Raúl Camañas)

El Banco Internacional de Pagos señala que Tencent , Alibaba, Amazon “podrían convertirse en operadores dominantes porque amasan datos de forma más barata, crecen más rápido, mantienen los costes bajos”. Además, el efecto red hace que los usuarios valoren mejor las plataformas cuantas más personas haya en ellas, lo que aumenta la concentración.

Pero La iniciativa de Facebook, al lanzar su criptomoneda libra cambia las reglas del juego. Mark Zuckerberg asegura que la libra está pensada para los países emergentes, con un nivel de bancarización débil. Como señala Alexander Ruchti de Julius Baer, “ en estos países no todos tienen cuenta bancaria pero casi todos tienen smartphones. Mandar dinero a un país en vía de desarrollo puede ser más rápido simple y barato. La libra tiene potencialmente más estabilidad que el peso argentino o la lira turca y puede reducir las comisiones”. No hay que olvidar que en África las transacciones con el móvil suponen el 10% del PIB, cinco veces más que en el mundo occidental, según el FMI.

Jaume Cotet, socio de PwC, cree que el impacto de la libra, si bien tiene sentido para Facebook para frenar la salida de usuarios y aumentar su valor bursátil, desde el punto de vista financiero será limitado porque sus usuarios iniciales, los early adopters, no representan a la masa del mercado. Además, ni Amazon ni Alibaba, que son competidores, la acabarán usando.

Sin embargo, Chris Huges, inversor multimillonario y fundador de Facebook asegura que “incluso en caso de éxito modesto, la libra entrega el control de la política monetaria desde los bancos centrales a las firmas privadas. Si los reguladores no actúan ahora, podría llegar a ser demasiado tarde”. En efecto, la libra tiene una estructura de gobierno y corporativa basada en un consorcio sin ánimo de lucro, con agentes como Visa, Master Card, Uber o Spotify que vigilan la emisión. Empresas casi monopolísticas en sus sectores. “Estas compañías tienen el potencial de debilitar estados nación. Lo que ellos llaman descentralización es un desplazamiento de poder de los bancos centrales hacia las multinacionales”, alerta Huges.

David Igual, profesor del máster en Banca y Finanzas en la UPF, recuerda que “la iniciativa de Zuckerberg introduce por primera vez el concepto de emisor privado. Es la primera divisa realmente supranacional. Es un golpe al dinero físico. Abre una puerta, porque en el futuro es posible que otras empresas acaben creando otras divisas privadas y que sea el usuario quién decida con cuál de ellas operar”.

La plataforma bancaria colaborativa, 2gether, recuerda que en este grupo de empresas “no hay la presencia de ningún banco, todo una declaración de intenciones como sistema disruptivo para los bancos centrales”. “El proyecto Libra esencialmente pone a Facebook y sus socios en competencia con la Reserva Federal”, llegó incluso a decir el banco Morgan Stanley en una nota del 24 de junio.

“ La libra es un pasivo emitido por un consorcio privado. Como un título de deuda sin intereses y sin caducidad. Una moneda. Siempre será convertible en una cesta de divisas internacionales. Pero ¿qué pasaría si todos los usuarios exigieran de forma simultánea a Facebook convertir su libra? Potencialmente una crisis financiera catastrófica”, escribía Tommaso Monacelli, profesor de economía en la Universidad Bocconi de Milán. En su opinión, “no es algo irreal pensar en que Facebook se convierta en el futuro banco central del mundo. Con su propia política monetaria y fuera del cualquiera control público”.

Como dice Jaume Cotet, en estos casos “no hay requisitos de solvencia ni inspecciones. No hay fondo garantía de depósito. No se aplica normas contra blanqueo de capitales”. ¿Es sostenible? Scott Galloway, académico New York University hizo un comentario inquietante: “Primero te haces con el control de los medios, luego con el control de la moneda y por último, al final sólo te queda el control militar”.

Informacion extraida de "PIERGIORGIOM. SANDRI"